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THUMBSUCKER (2005)
Director: Mike Mills
Estados Unidos / 95 minutos
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* Observándolo en perspectiva, chuparse el pulgar no es diferente a fumar. La diferencia es que el dedo te queda lleno de saliva, en vez de nicotina. Yo poseo una adicción mil veces peor que no he curado del todo: morder y masticar sábanas, fundas de almohada y ropa en general. Muchas personas tenemos necesidad de meternos cosas en la boca en momentos de ansiedad —por ejemplo, las cotufas en el cine—; yo recomiendo las semillas de girasol. Al parecer, todo se origina en la fijación a la lactancia materna. Si no te dieron teta, es probable que sufras ansiedad. Pero si mamaste teta, también es probable que sufras ansiedad, porque siempre quedarán ganas de volver a vivir el momento quizás más plácido de toda la existencia. Te den teta o no, siempre necesitarás teta. O sus sustitutos.
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* Justin Cobb (Lou Taylor Pucci, la cagadita masculina de Tilda Swinton, su mamá en la ficción; gran acierto de casting) es un chamo inseguro de 17 años que se chupa el dedo. A lo largo de la película, desarrollarará también adicción al estimulante Ritalin —que le otorga un odioso exceso de seguridad en sí mismo— y luego a la marihuana.
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* Una de las claves de THUMBSUCKER es que la pura verdad es la droga más difícil de tolerar. En la escena que más me gustó, Rebecca (Kelli Garner), amiguita buenota de Justin, le pide a él que sea sincero sobre sus problemas. No me pidas sinceridad o apertura sexual, si tú te cierras. Pero Justin prefiere callar sobre su vicio de chupar dedo, por temor a quedar rayado. Lo entiendo: cuando yo le dije a una amiga (Martha Uribe) sobre mi vicio de masticar fundas de almohada, me respondió con un "¡Asco!".
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* El hecho de que Justin pertenezca a un club de debates retóricos (como los de THE GREAT DEBATERS), al que luego renuncia, puede ser leído como un ataque a una intelectualidad relativista y hueca en la que no se toma partido por nada, sino en la que debes ser abogado del diablo con tal de llevar la contraria. Otra forma de escapar a la siempre dolorosa verdad pura.
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* THUMBSUCKER fracasa por redundancia de información en su desenlace, mal muy estadounidense. No hacía falta que Benjamin Bratt —que hace de una especie de Daniel Sarcos en terapia de rehabilitación— se lanzara una parrafada explicatoria sentenciando que "Todos somos adictos a algo, en el fondo los humanosseguimos siendo animalitos nerviosos";ya uno como espectador había recibido el mensaje sin necesidad de discursitos. No hacía falta que Keanu Reeves —que hace de ortodoncista New Age— sentenciara por su parte: "Hay que vivir sin esperar una respuesta".
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CONSEGUIDA: en ningún lado, porque me la copiaron mis amigos Nerea y Albinson. Sin embargo, me informaron que la consiguieron en el Ateneo. Calidad de DVD con subtítulos correctos en español.

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