La perspectiva, como era de esperar, es predominantemente occidental, a pesar de que los más jodidos fueron los tailandeses. Lo mejor de lo mejor: la construcción del personaje de reportero de guerra que hace el enano siniestro Tim Roth (uno de mis actores preferidos de todos los tiempos). Este papel de Tim Roth me hace recordar a grandes panas fotógrafos como Iván Eduardo González, Edixon Gámez, David Maris o Nilo Jiménez: lobos solitarios, tipos duros que hablan poco, que ya no se sorprenden ante nada porque han visto toda clase de vainas, que no le tienen miedo a un carajo, que viven muy a su aire, que destilan un exquisito cinismo y que se las arreglan para encontrar diversión hasta en las situaciones más jodidas.
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Hay una fenomenalmente sobria actuación de Gina McKee como turista británica (tiene un aire a Frances McDormand). Otra historia a ratos interesante es la del matrimonio de Ian y Susie (Chiwetel Ejiofor y Sophie Okonedo), sobre todo por la manera en la que ella lo culpabiliza a él por la desaparición de la niñita de ambos.
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HUMAN TRAFFICKING (2005): otra miniserie de casi tres horas sobre la trata de blancas, que compré sin saber que era una miniserie. Generalmente no veo miniseries de TV. La cara de Mira Sorvino en la carátula debe haber sido decisiva para la transacción que efectué en las afueras de la UCV. Ella es la policía buena, quizás excesivamente sentimental para ser policía. Donald Sutherland es el escéptico policía de la vieja guardia. Robert Carlyle es el malo que maneja una red internacional de pornografía y prostitución infantil-adolescente. HUMAN TRAFFICKING es una producción eminentemente informativa y directa, y se puede decir que funciona: pasaré un buen tiempo sin bucear a menores de edad.
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