1
Me pregunto con frecuencia por qué la crítica cinematográfica tradicional suele reaccionar con tanta virulencia ante películas que apuestan decididamente por la contundencia visual. ¿Temerá este tipo de críticos, muy en el fondo, que sus herramientas rígidas de análisis queden obsoletas, mientras se llenan la boca arremetiendo contra la generación boba que no lee libros y se emborracha de imágenes? Así pasó con ROMEO + JULIET de Baz Luhrmann, con BRAM STOCKER'S DRACULA de Francis Ford Coppola, con THE CELL de Tarsem Singh. Para este tipo de películas, se acostumbra sacar un adjetivo descalificativo de la manga teórica: efectistas.
Para mí, son ofrendas de generosidad visual. Este sábado vi 300 por segunda vez (a la 1:45 pm en la sala 5 del Galería Ávila), luego de una función de prensa el pasado jueves, y de nuevo me siento reconfortado y poderoso en mi occidentalidad. Lo sé. Se acusará a 300 de contar con personajes estereotipados de cartón, en vez de personajes de carne y hueso. A mí mismo no me cuadró del todo la escena sexual entre Leónidas y su reina, quizás demasiado soft porno. Igual defiendo con militancia a 300. Sacaré la espada y la lanza por ella, y pondré mi escudo para protegerla.
2
La denuncia más ridícula que se escuchará contra 300 es que es un fraude contra la historia. Me pregunto: ¿quién fue el reportero de CNN que estuvo allí en la batalla de las Termópilas en el 480 antes de Cristo, para que nos eche el cuento de verdad? Ni siquiera existen pruebas arqueológicas de peso acerca de la existencia de Esparta (Ojo, acotación posterior: de la existencia de la Esparta idealizada como modelo de virtud, no de la Esparta histórica que derrotó a Atenas en la Guerra del Peloponeso). ¿Y qué importa? Su leyenda de disciplina, austeridad, profesionalismo y laconismo late vibrante en nuestro depósito cultural.
300, a mi juicio, reivindica el valor de la oralidad, y de la oralidad como deformación de la realidad. Grecia, es decir, Occidente y su racionalidad, estaba a punto de ser aplastado, lo que hubiera cambiado radicalmente lo que hoy somos. Para sobrevivir ante los persas, los griegos necesitaban no sólo espadas, sino narraciones épicas. Deformaciones que exaltaran lo propio y aniquilaran al otro, al bárbaro, al no-griego (no-humano): en ambos casos, deformaciones. ¿Existió Leónidas? ¿Fue realmente tan vergatario? ¿Fueron 300 los espartanos que se enfrentaron a un millón de persas? ¿Y qué importa? Toda historia es deformación, sobre todo cuando es transmitida oralmente. En este caso, la deformación es asunto de vida o muerte. Por eso la peor amenaza que puede hacer Jerjes a Leónidas es que Esparta será borrada para siempre del recuerdo colectivo. Si hay algo que me fascina de 300 es el deleite de su deliberada deformación orientalista. Todo lo persa-oriental es circense, burdelesco, distorsionado: elefantes, rinocerontes, gigantes, perspectivas, colores de piel, placeres, joyas, cabras. Es Jerjes, el Dios-Rey del piercing facial, a quien un amigo comparó acertadamente con una drag queen.
3
Mientras tanto, todo lo espartano es rectitud, vigor, perfección, pectorales de gimnasio, abdominales de Cri-Cri. La imagen que más me perturbó de 300 es aquella en la que el precioso efebo Astinos (Tom Wisdom) muere decapitado por un efectivo de la caballería persa que le sorprende de espaldas (su padre, por el contrario, reacciona luego con la desmesura y el odio, e infringe las normas del belicismo espartano). Es la derrota momentánea de lo bello. Aquel cuerpo decapitado que se derrumba es una estatua griega que queda destruida para siempre, pero que se hace inmortal como legado cultural a través de los siglos. Eso somos. Recuerdo una vez que discutía en bachillerato sobre la primera guerra del Golfo Pérsico con Cabrera, un compañero de clases de origen canario muy peculiar. Y aunque Cabrera era de tendencias izquierdistas y alzaba una flor para ofrecerla a la policía en las manifestaciones en el liceo Andrés Bello, me dijo aquel día: "Voy a Estados Unidos. No me queda otra: soy de Occidente". Suena reaccionario y determinista, pero es un tema para meditar.
4
También hay chistecitos sobre los interiores Speedo de los espartanos de Léonidas en 300. Si yo hubiera sido Zack Snyder, los hubiera puesto desnudos, haciendo caso estricto a las enseñanzas sobre Grecia que me impartió el profesor Carlos Luis de Armas en la UCAB. Vamos. La hermosura de cualquier sexo es un deleite. Es impresionante, por ejemplo, la belleza física y la serena masculinidad de Gerard Butler como Leónidas.
"Parece una película hecha en computadora", se escuchará sobre 300. Cierto y falso. Si hay algo que me agradó de 300 es que hay un equilibrio entre lo digital y lo óptico. Por ejemplo, el uso de las perspectivas deformadas en las tomas que involucran a Jerjes y sus emisarios, de manera similar al tiránico universo onírico del asesino en serie en THE CELL. Yo me siento afortunado de vivir en una época en la que se pueden hacer películas como 300, que son conquistas en el recorrido hacia la emancipación visual.
La pregunta gafa: ¿Por qué carajo le pusieron Nueva Esparta al único estado insular de Venezuela, siendo las virtudes espartanas tan contrastantes con lo que uno experimenta, por ejemplo, cuando está echado en Playa El Agua buceando carajitas en topless?



