13 marzo 2007

BORAT (2006) - Larry Charles

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BORAT se ha convertido ya en una peliculilla de culto, hasta Kiko le hizo un comentario muy bobolongo en su columna del diario Tal Cual, por lo que no estoy descubriendo el agua tibia ni voy a aportar mayor cosa como comentarista. Me pareció una soberana estupidez el guiño musical a TIEMPO DE GITANOS de Emir Kusturica. Me gustaría ser cualquier cosa menos moralista, o quizá le tengo envidia a quienes produjeron BORAT por su éxito, pero se me hace que esta comedia de estereotipos es un poco peligrosa en este momento de la humanidad. Aunque se supone, lo sé, que lo que se quiso hacer con BORAT —una película que se vale de la fiebre del lenguaje de documental para contar la historia de un periodista machista, antisemita y homofóbico de Kasajstán que recorre Estados Unidos de costa a costa para intentar casarse con Pamela Anderson— es precisamente una sátira del etnocentrismo del estadounidense promedio para quien Kazajstán y Rumania son la misma vaina. De hecho, el pueblo del periodista Borat Sadgiyev se rodó en la localidad rumana de Moroieni. Por otra parte, en su recorrido de Nueva York a Hollywood, Borat se va topando con la peor escoria americana: bushistas radicales de derecha, gangsters negros de Atlanta, secesionistas, evangélicos anti-darwinianos, universitarios panza-de-cerveza idiotas. Igual me quedó un mal sabor.
También hay algunas contradicciones. Por ejemplo, Borat niega sistemáticamente la condición humana al sexo femenino, pero articula nociones del amor caballeresco cuando se refiere a Pamela Anderson. Aunque son observaciones del purista que le busca la pata 101 al ciempiés.
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Tengo que reconocer que BORAT posee momentos de comedia memorables. Ejemplo: el honorable congresista que se entera a destiempo de que está mascando queso de leche materna. El experto en humorismo que intenta explicarle a Sadigyev cómo contar un chiste en Estados Unidos. Los pasos de dance de Sagidyev en la despedida gitana antes de viajar a Nueva York. Sagidyev cagando en el Trump Center y masturbándose frente a la vitrina de Victoria's Secret (una poderosísima libertad simbólica). La gran escena de BORAT es la que documenta una misa evangélica en la que participan altos funcionarios políticos y judiciales, y en la que salen unos imbéciles corriendo y saltando eufóricamente. Señores, eso existe. Yo una vez vi en el parque Naciones Unidas de El Paraíso a cerca de 500 idiotas de una secta que levantaban las sillas sobre sus cabezas porque así se los ordenaba el fascista manipulador que les hablaba desde el estrado. Las imágenes reales de Kasajstán (entre ellas el chimpancé de la base espacial de Baikonur) al final de la película, tomadas del Russian Stock Footage Library, son un tesoro invalorable.
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Sorpresas te da la vida: el hotel Wellington, donde se aloja Borat en Nueva York, fue el mismo hospedaje barato y sin calefacción en el que me tuve que quedar de emergencia durante el único viaje que he hecho a la ciudad donde nadie se sienta extranjero, en el otoño del año 2002 (*). Queda a media cuadra del Carnegie Hall. Y esa noche, cuando fui al Times Square, puse la misma cara de Borat. Con el añadido de que llevaba en las manos una cajita de cartón que había recogido de la basura para meter un potecito Nesquick de leche con fresa y otros alimentos de escaso valor nutricional.
(*) La misma noche en que Mariángel Ruiz se coronó en el Miss Venezuela.
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"Devolvámonos a Nueva York, allá no hay judíos" (Azamat Bagatov, productor de la TV estatal de Kazajstán).
"¿Una mujer ha escrito un libro?" (Borat Sadgiyev).

THE GOOD SHEPHERD (2006) - Robert de Niro


Si uno trabaja con Martin Scorsese o Francis Ford Coppola, algo se debe pegar. A Robert de Niro todavía le hace falta soltarse más como director, adquirir cierto toque de locura, pero THE GOOD SHEPHERD es una película importante acerca de las vicisitudes de la odiadísima CIA (si Chávez tuviera un mínimo de cultura general, la debería recomendar) e íntimamente conectada con la THE DEPARTED de Scorsese. La relatividad del bien y el mal. Los perros guardianes de la América blanca y protestante que usan la tortura para defender la libertad. En el espionaje de la Guerra Fría no hay buenos ni malos, en nadie se puede confiar, todo es relativo y cambiante. Uno puede hasta matar a su propio nieto para frenar al comunismo. El general Bill Sullivan (el propio De Niro) alerta sobre los riesgos del "exceso" de democracia.
No me convenció el personaje de Clover-Margaret (Angelina Jolie). Entiendo que era otra época en términos de emancipación femenina, pero me parece poco creíble que una mujer tan atractiva y con tanta iniciativa (cuya aparición es un chorro de agua fría en un momento en que la película empezaba a ponerse de pesada digestión) se cale seis años de espera en la Segunda Guerra Mundial con apenas un episodio de infidelidad. Y que además se asombre cuando Edward (Matt Damon) le revela que "Me casé contigo por el embarazo", algo que era totalmente obvio a esas alturas del partido. Y es que desde un principio es incomprensible que se sienta atraída por un insípido burócrata perteneciente a una cofradía secreta de hombres sexualmente confundidos que pelean desnudos en barro y se orinan unos a otros. La Jolie se va degradando. Parece tener luego un despertar fugaz cínico, cuando suelta lo de "Primero la agencia, luego Dios", pero se queda en eso. Sigo pensando que la Jolie no tiene un buen papel desde hace mucho, mucho tiempo. Casi hay que remontarse a los tiempos de GIRL, INTERRUPTED, en 1999.
El desenlace es totalmente coherente. Desde hace mucho tiempo estaban muy claras las prioridades en la vida de Edward Wilson, otrora actor teatral y poeta en ciernes. Casi que desde que dejó sola en la playa a Laura (Tammy Blanchard), una chica extremadamente blandita y dulce que podía haber sido la oportunidad de una vida más tolerante y vinculada a las bellas artes. Resulta aterrador pensar que gente como el demócrata John Kerry han pasado por esa institución tan estúpidamente gringa de la cofradía estilo Skull & Bones.
Pronto fundaré un club de gente que detesta a Matt Damon. Pero tengo que reconocer que es el ideal para este papelito de burócrata ratonil, insignificante y relamido. El tipo que tiene una inteligencia elevada desde el punto de vista operativo, pero que carece del otro tipo de inteligencia, la panorámica, la que te permite ver el mundo y la vida en perspectiva. Hay gente que se gradúa Magna Cum Laude en la universidad y no sabe vivir. De Niro parece sugerir que este WASP intolerante ("En Estados Unidos están de visita", dice acerca de los inmigrantes) es en el fondo un gay de closet que se no atreve a asumir abiertamente su sexualidad. El chamo que hace de hijo de Damon (se llama Eddie Redmayne) es la cagadita de Matt Damon. Vaya muchachito gafo e insoportable. Tremenda selección de casting.
NOTA:
Esta película la vi a las 6:20 pm del sábado 10 de marzo en la sala VIP del Tolón. De vez en cuando es de pinga meter el paro de rico, aunque en un artículo de Newsweek leí una vez que la clase ejecutiva de los aviones está hecha para los wannabe de clase media a los que les gusta humillar a los pobretones de clase económica, porque los ricos de verdad tienen aeronaves privadas. En todo caso, el asiento acolchado tipo buscama en la primera fila fue una maravilla para mi espalda en una película de tres horas.

SAGRADO Y OBSCENO (1975) - Román Chalbaud


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Difícilmente puedo concebir un inicio más sólido para una película venezolana. Plano general aéreo de la avenida Lecuna y el Nuevo Circo. La cámara se va desplazando hacia la izquierda, pasando por la avenida Bolívar, hasta llegar al desaparecido terminal de rutas largas (hoy el mercado de La Hoyada), a donde está llegando uno de esos autobuses amarillentos que hacen las rutas hacia Maracay y Valencia y que, 30 años después, siguen gloriosamente dando la batalla en la Regional del Centro. Un impenetrable Miguelángel Landa desciende para cumplir su misión en la capital. Instantes después, una clásica estampa costumbrista terminalera: la vieja que viaja con una jaula de pájaros en el bus (en este caso, un tucán). Faltó poner un gordito comiendo encalentado pan de mantequilla del terminal de Maracay y tomando medio litro de chicha (Esteban de Jesús).
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SAGRADO Y OBSCENO es mi película favorita de las que he visto de Román Chalbaud. Su vigencia es 100% absoluta y además es perturbadoramente premonitoria. Fue elaborada en 1975, año de Dios, en plena Venezuela saudita, pero desnuda las tensiones sociales subterráneas ocultas por la riqueza fácil que estallarán en el proceso posterior al 27-F de 1989. Lo vi con toda claridad este sábado 10 de marzo de 2007 a las 2:30 pm, al presenciar SAGRADO Y OBSCENO por segunda vez, en la sala GAN de la Cinemateca: cuando Pedro Zamora (Miguelángel Landa) ejerce su venganza contra el exterminador de guerrilleros (el que mató "a Dimas, a Linares, al Colorado, a Alberto José"...) derivado luego en magnate derechista de los pollos, su silueta es la de Hugo Chávez Frías.
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En SAGRADO Y OBSCENO es evidente la postura política de Chalbaud, pero la película deja abierta una puerta a la tolerancia. "Todos estábamos locos", dice el ex policía Diego Sánchez para justificar lo que hizo 10 años atrás. Otra escena clave es el diálogo entre el radicalizado Pedro Zamora y su otrora amigo de la guerrilla, Andrés (una actuación soberbia de José Ignacio Cabrujas). "Si vivir es achantarse, pues yo me achanté", confiesa Andrés, convertido en padre de familia, quien pide sensatez al vengador llegado de la provincia.
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SAGRADO Y OBSCENO, por si fuera poco, retrata de manera insuperable el mundo de las pensiones sólo-se-aceptan-caballeros-de-intachable-conducta de la parroquia San Juan (la pensión en este caso se llama Ecce Homo, cuya memoria y poesía de jaboncito de avena pretende ser demolida por la visión progresista del magnate pollero Diego Sánchez, el mismo que le quita cruelmente la concha a un quelonio). Personajes como Morrocoy, interpretado por Virgilio Galindo ("Soy espiritista, ateo, maxista y masón como Miranda en la Carraca"; "Más fastidioso que excursión en tractor"); Antonio Leocadio Bárcenas, el izquierdista anquilosado y hablachento que hace Rafael Briceño ("el último hombre serio de este país fue el Mocho Hernández"); el gandolero que se marcha de la pensión con una frase carreteril para la posteridad: "En Barcelona me tienen a la orden".
Imágenes que me pueden hacer llorar: el viejo logo del hotel Caracas Hilton, con cinco puntas que terminaban en una bolita; el hotel desconocido en el que se aloja Pedro Zamora mientras se desocupa un cuarto de la pensión, con la empleada de servicio que llena la jarra de agua fría (mucho quisiera saber la ubicación de este hospedaje y si aún existe; abajo tenía un local de Sarela y un almacen llamado La Chinita). La beata dueña de la pensión, interpretada por María Teresa Acosta, con una afirmación contundente y de plena actualidad: "A Caracas nunca la terminan de construir".
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La habitación, 300 bolívares. Más los tres golpes diarios, 350. Y con lavado de ropa, 400 bolívares.

05 marzo 2007

CANGREJO (1982) y CANGREJO 2 (1984) - Román Chalbaud

Todos sabemos las razones por las que la Cinemateca Nacional celebra una retrospectiva de Román Chalbaud, aunque igual siempre es bienvenida. El sábado 3 de marzo de 2007, de 5:00 a 9:00 pm, pude meterme en el Celarg un maratón encangrejado con dos películas que han envejecido un poco, pero tampoco se desplazan con el bastón de la senilidad. Tengo entendido que se basan en casos reales (el caso Vegas es uno de ellos, creo), aunque no soy lector de páginas de sucesos y no le otorgo mayor importancia cinematográfica.
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La primera CANGREJO es una constelación de celebridades: Miguelángel Landa (como el incorruptible comisario León Martínez, una de las causas por las que mi hermano mayor amó siempre tanto la carrera policial), un inmejorable Domingo del Castillo, Yanis Chimaras, Guilllermo Dávila (un bisexual sabrosísimamante derrapado, más homo que hetero), un Aroldo Betancourt con la belleza de un joven Adonis (hace un doble agente muy a lo THE DEPARTED), Franklin Virgüez con melena y tan malandrísimo como en Por estas calles, Paul Gillman (la banda sonora está salpicada del metal del grupo Arcángel), un Rafael Briceño esnifador, Javier Vidal (hace un desnudo frontal), Tania Sarabia, Abelardo Raidi, Juan Vené, Dante Carle, Julio Alcázar, Arturo Calderón, un lacónico Henry Zakka, Carlos Márquez, América Alonso, Jean Carlos Simancas, Miguelito Alcántara, Arturo Calderón, Lupe Gehrenbeck y todos aquellos cuyos nombres desconozco.
Imágenes inolvidables: el comisario León Martínez encendiendo la sirena de su patrulla Mustang de la PTJ en la Francisco Fajardo. El juez que hace Rafael Briceño (un defensor encubierto de los carteles de narcotráfico) esnifando simbólicamente con gotas para la nariz. El liqui liqui blanco de Miguelángel Landa, símbolo de su pureza moral. Los billetes blancos de 100 bolívares que en 1982 todavía convivían con los marrones que se terminaron imponiendo. Henry Zakka aislado de la realidad con uno de los primeros modelos de walkman. Una cámara subjetiva desde un automóvil que atraviesa el túnel de Los Ocumitos. Franklin Virgüez exclamando: "¡Esto es una coñodemadrada!". El narco Yanis Chimaras preguntándole con cinismo al comisario Martínez: "¿Puedo fumar, príncipe?". El gramo de coca costaba 200 bolos.
Para mí, el mejor personaje es el de Beltrán (Domingo del Castillo), el comisario veterano que sabe cómo se bate el cobre. Pienso en la escena en la que Miguelángel Landa da clases en un instituto y encierra en un círculo las palabras "ricos" y "pobres", mientras enfatiza en que la ley debe ser igual para todos. Beltrán le dice: "Chico, el círculo te quedó ovalado". 25 años después, CANGREJO —cuyo guión es de Juan Carlos Gené— mantiene plena vigencia en su denuncia de la inequidad de la justicia según las clases sociales. Sin embargo, por otra parte es una película que encierra el germen de cierta intolerancia que en un futuro aflorará en el discurso personal de Chalbaud. CANGREJO arremete con un moralismo revanchista contra todo lo que tenga un tufillo de juventud de clase media para arriba: desde el rock and roll hasta el cine experimental, los walkman, el modelaje o el bowling. Y me preocupó la justificación que hace León Martínez de un asesino múltiple debido a su origen miserable.
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El guión de CANGREJO 2 es de César Miguel Rondón. Es una película más sobria y mesurada, y de mejor factura fotográfica. Pero no tan cautivadora como CANGREJO. Se coloca énfasis en las interioridades de una investigación policial rigurosa. El caso mostrado no es exactamente un cangrejo, pues desde el principio está totalmente claro quién es el culpable de la violación y el asesinato de Lídice Fusati, la hermana de un curita de la Dolce Vita (Eduardo Serrano) de una población del Litoral Central (el rodaje se realizó en Naiguatá y Macuto). Dos años después de retirarse, el comisario León Martínez regresa a una PTJ con nuevas autoridades: el Miguelángel Landa de siempre, todo un arquetipo de cierto macho vernáculo. Un actor sólido e impetenetrable a la vez, que no deja huella, pero que al mismo tiempo es eterno. Carlos Omobono hace de monaguillo pero no dice palabra. Miguelángel Landa y Ramón Hinojosa (un campechano detective de provincia) reproducen la mitología de Don Quijote y Sancho Panza. Se le tira una puntica a la alianza entre Copei y el alto clero. También hay una típica secuencia chalbotiana en la que se toma líricamente un elemento de la cultura popular (los diablos danzantes) para construir un editorial crítico sobre la política nacional. Corina Azopardo (creo) hace una breve aparición como reportera. Me gustaron los primeros planos de los cangrejitos en la carretera polvorienta.
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El domingo 4 de marzo vi LA GATA BORRACHA (1983), un clásico burdelesco —abundan los números musicales completos—, pero como no la presencié desde el comienzo, me reservo el comentario para otra ocasión. Película sobre el grave y recurrente error de enamorarse de una prostituta. Una Alba Roversi seguramente menor de edad se muestra en el esplendor de una juventud ochentosa, aunque sin hacer desnudos, lo máximo es una franela blanca pegadita sin sostén. Nelson Ned canta entre pompas de jabón. Hay un pequeño homenaje al videojuego de Pacman y se informa que un polvazo corto costaba 300 bolos en aquellos tiempos. La noche completa, 600.

01 marzo 2007

TRIBUTO A CHANCHO


NACHO LIBRE (2006) - Jared Hess


Créanme: vivo relativamente cerca de un convento, en el que está al lado del Centro Gumilla en Altagracia, y las monjas no son como Ana de la Reguera. Usan medias panties gruesas, marrones y horribles, por no hablar de los zapatones Tom Sailor. Dicho esto, lo que me fascina de NACHO LIBRE es su carácter de producto culturalmente híbrido: canciones como "Mucha muchacha" de Juan García Esquivel junto a cierta estética de disco music decadente; las botas blancas, las camisas con cuello de "V" y los faralaos a lo Carmen Miranda de un Nacho —mestizo monacal nacido de un pecado mexico-escandinavo— que conmovedoramente trata de impresionar a las pupilas de Sor Encarnación; Esqueleto (Héctor Jiménez), casi un personaje de Condorito, afirmando su fe en la ciencia . Este es el tipo de cine que tiene que hacer Jack Black, épicamente renegado y libertario, y olvidarse de cosas grandilocuentes tipo KING KONG. Para mí, la escena inolvidable de NACHO LIBRE es aquella en la que desfilan diapositivas informativas de los gladiadores, antes del combate colectivo en el que Nacho quedará subcampeón: Silencio, Muñeco, Dynasty, El Chino. A través del recurso estético, se logra plasmar toda la nobleza grotesca del Cachacascán y sus esperpentos que se inventan un otro yo heroico. Cómo olvidar mi entrañable experiencia entrevistando a los titanes vernáculos de la lucha libre cuando tuvieron una fugaz pasantía por el estudio gigante en Boleíta del desaparecido canal Marte, hoy en día La Tele: Chiclayano Junior, el Rapaz de Portugal, Pete el Conde y tantos otros amigos. Tres meses después, aún nos dedicaban peleas por TV al fotógrafo y a mí que les hicimos un reportaje en la prensa. NACHO LIBRE me sorprende en el momento en que creo que tengo más kilos que en ninguna otra etapa de mi vida, y la sentí como una reivindicación de la panza. A su modo, Jack Black puede ser terriblemente sensual, y se pasa casi toda la película con su honesto torso al aire, digno y sin artificios. Por no hablar del tiernísimo Chancho (Darius Rose). Por fin: ¿Ercarnación habrá quebrado su voto de castidad?

28 febrero 2007

THE QUEEN (2006) - Stephen Frears


Duty first, self second. Primero el deber, después uno. En esta consigna, Stephen Frears resume la carta de presentación ante el mundo de la reina Isabel II de Inglaterra. Una mujer autoeducada para la contención de sus sentimientos y condenada para siempre a un matrimonio mediocre. El carisma no se hereda, y por eso para Isabel II resulta incomprensible un fenómeno como el de Lady Diana —el único personaje de la película que se interpreta a sí mismo, gracias al material de archivo, y cuya iconografía gobierna sobre el resto del reparto como un sol caprichoso—, la plebeya elevada a fenómeno de masas por su espontaneidad. En un momento crucial de la película, nuestra reina se quiebra: se accidenta su vehículo rústico, es sólo un átomo solitario y desamparado en la campiña, y llora sin consuelo. Se le aparece un ciervo que está siendo perseguido por su esposo Felipe y sus ojos brillan como la niña que en el fondo es. La mujer que no tuvo infancia ni juventud.
Frears es un cineasta de altos y bajos, de matices más que de proclamas. THE QUEEN es un ejercicio de equilibrista. Por un lado, deja totalmente en evidencia lo absurdo de una familia monárquica (tan disfuncional como la de LITTLE MISS SUNSHINE) en pleno siglo XXI: una reina que ha quedado para poco más que la silueta de un peinado en las monedas y que acepta con resignación lo que se le impone desde las instituciones democráticas —"¿Tengo otra opción?", ironiza al aprobar las modificaciones que ha hecho Tony Blair a su discurso de condolencia por la muerte de Di—; un pelele de príncipe consorte, Felipe, homofóbico, estúpido y encerrado en su burbuja de los cotos de caza; el apego a protocolos de reverencias huecas hacia la anciana-niña que se conmueve profundamente por la muerte de un ciervo, pero que es incapaz de comprender el sismo social que genera la "princesa del pueblo".
Al mismo tiempo, Frears se niega a clavar la estocada cruel. Una de las escenas menos convincentes es aquella en la que Tony Blair (un Michael Sheen tan risueño como Mr. Bean) reacciona violentamente ante las burlas a la reina que hace su influyente asesor de prensa Alistair Campbell (Mark Bazeley, una cínica revelación), para defender su legado: "Ha estado 50 años en un cargo que no eligió ser", etc. La conclusión de la película parece ser que sí, que la monarquía no tiene sentido, pero al mismo tiempo está profundamente conectada a esa esencia británica del "llueve y escampa". No hay supervivencia de Inglaterra sin tradición, discreción y respeto por las formas, y a esto no puede escapar siquiera un reformista moderado como Blair, cuya posterior caída en picada es vaticinada por la reina.
Creo que lo que más disfruté en THE QUEEN fue el retrato del alto mando de la Gran Bretaña en mangas de camisa, sorprendido de madrugada por la muerte de Diana o desnudado en su intimidad familiar: Tony Blair con una camiseta del Newcastle con el dorsal 10, un Felipe que le dice "Muévete, repollo" a Isabel en el inerte tálamo nupcial.

24 febrero 2007

ALGUNAS IMÁGENES ROBADAS DE BABEL





























1. El ojo voyeur de nuestro querido Yussef.
2. La traviesa Zora.
3. ¡Maldito árbitro de voleibol!
4. El Puma de Japón: "Pensaba que íbamos a almorzar juntos"
5. Ahora sí van a ver al monstruo peludo de verdad.
6. Mike, horrorizado, no lo puede creer: la gallinita decapitada.
7. Una sabia anciana silente.
8. En esta secuencia, todo el tiempo pensé que Chieko se iba a caer del columpio.







MÁS SOBRE BABEL

Luego de una segunda visión, BABEL, de Alejandro González Iñárritu, me afecta mucho más que antes. Ya podrán haber visto que el post original ha sido modificado varias veces, porque cada vez descubro más y más significaciones. Pienso, por ejemplo, en los mexicanos asimilados que sirven de cancerberos a sus propios compatriotas indocumentados (los dos principales agentes de inmigración que se muestran son latinos). En el catirito gringo que aprende en México, ante una gallina degollada, que la vida no es tan mullida. Ya no vale la pena hablar sólo de una película sobre la incomunicación; BABEL trata, antes que nada, sobre la comunicación no verbal —piénsese en la sabia anciana que suministra opio, y paz, a Cate Blanchett, justo cuando más lo necesita— y sobre la globalización; la interconexión, sus posibilidades y sus frustraciones. Tampoco vale la pena hablar de hilos argumentales halados de los pelos, no es relevante, porque el telón de fondo son las casualidades y causalidades de la globalización.

21 febrero 2007

EL PRONOSTICADOR

Paréntesis.

En algún momento de este siglo habrá un página en Internet que tendrá la siguiente información, actualizada segundo a segundo:

POBLACIÓN HUMANA:
10.786.431.345.987

DUERMEN EN ESTE MOMENTO:
5.678.325.654.453
(53%)

COMEN:
3.001.568.122.901
(28%)

HACEN EL AMOR:
867.322.954.367
(8%)

NAVEGAN EN REALIDADES VIRTUALES:
1.019.464.987.076
(9%)

ACABAN DE NACER:
167.932.876.023
(2%)

AGONIZAN:
51.816.751.167
(0,5%)

17 febrero 2007

SAG-HAYE VELGARD (PERROS CALLEJEROS) (2004) - Marzieh Meshkini


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Escuchamos Irán y pensamos en las giras de Hugo Chávez, en el eje del mal, en la bomba atómica explotando en Tel Aviv, en Mahmud Ahmadinejad en el aeropuerto Maiquetía, en el libro de Kapuściński y en la barbita del ayatolá Khomeini. Para mí, Irán también es sinónimo de uno de los cines nacionales más poderosos, líricos y prolijos que he presenciado. El romance comenzó con un ciclo de cine iraní en la Cinemateca Nacional en agosto de 1995, con películas que jamás olvidaré: EL CORREDOR (1985) y AGUA, VIENTO Y POLVO (1989) de Amir Naderi, BASHU, EL PEQUEÑO EXTRAJERO (1988) de Bahram Beyzai y GRANADA Y CAÑA (1988) de Saied Ebrahimifar. De este ciclo surgió, por intermedio de Liliana Sáez, una oportunidad para escribir en mi idolatrada revista ENCUADRE, que finalmente no se concretó porque yo no daba la base con la pluma. En verdad os digo: si oyen de una película iraní en Caracas, corran a verla. Este viernes 16 de febrero de 2007, con el Carnaval y la alegría general urbana ante la perspectiva de cuatro días libres en el oxígeno de una bonita tarde en el eje Altamira-Chacao, me acerqué al Celarg a las 5:00 pm a ver PERROS CALLEJEROS. Creo que era el último día que iba a estar en cartelera...

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Es asombroso cómo se conecta PERROS CALLEJEROS (2004) con aquellas películas iraníes que vi en 1995, a pesar de que éstas se filmaron unos 20 años atrás. Es cierto, quizás eso puede sonarles a anquilosamiento o parálisis de una cinematografía. Pero también a una garantía de calidad estética impecable y a niños que nos aplastarán sus actuaciones y sus dignidades en la cara. Debido a que muchas de las películas de Irán son auspiciadas por el Instituto del Desarrollo Intelectual de la Infancia y la Adolescencia, suelen ser protagonizadas por niños (lo que también puede ser visto como una oportunidad para escapar hábilmente de la censura hacia los temas más adultos). No puedo referirme a PERROS CALLEJEROS sin mencionar a Gol-Ghotai. Una niña de seis o siete años con peinado de baby rasta. Creo que tiene los cachetes más hermosos que he visto jamás en una sala de cine. Así debe haber sido mi amiga Marjo cuando pequeña. Podría pasarme 24 horas seguidas viendo a Gol-Ghotai actuando, oliendo el pan ácimo caliente, gestualizando, parpadeando con sus ojitos mogoles, caminando con su compacto cuerpecito cubierto de harapos, interactuando con su pequeño perrito. Dios, debo volver a ver a Gol-Ghotai en alguno de los 14.000 días que, siendo optimista, me restan más o menos de vida.

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PERROS CALLEJEROS es una historia de denuncia, de denuncia de exclusión y del desamparo absoluto. Zahed (una especie de Val Kilmer en miniatura) y Gol-Ghotai, dos hermanitos de Afganistán, son hijos de un Talibán que está a punto de ser enviado a Guantánamo (en el filme se hacen algunas menciones referenciales al 11 de septiembre de 2001, aunque sin juicios de valor) y de una mujer que está presa y en espera de ejecución por haber contraído nupcias por segunda vez, lo que en este contexto equivale a ser una prostituta. Por este motivo, Zahed y Gol-Ghotai están del timbo al tambo. Vivían con su mamá en el retén femenino, pero salen de allí para ir a conversar acerca de su futuro con su padre en otra cárcel, y ya no pueden volver a entrar (la cárcel, o sea, el encierro, se convierte para los niños en refugio, al que tampoco pueden tener ya más acceso: prisión interior y exterior). Acompañados por un perrito que sirve de conciencia muda (Gol-Ghotai: "¿Tú entiendes a los humanos, perrito?"), sobreviven a medias escarbando en rellenos sanitarios.

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Observo la factura de la fotografía de PERROS CALLEJEROS y no puedo dejar de sentir vergüenza nacional por algunas de las películas que se han estrenado recientemente en Venezuela. PERROS CALLEJEROS posee la textura y la sensibilidad visual de los grandes clásicos del cine de todos los tiempos: pienso en la imagen de la gran argolla que sirve de símbolo de la cárcel; en la celadora del penal femenino que exclama "¡A dormir!", en la prisionera que arranca hojas de un libro para alimentar la hoguera, en el pequeño homenaje a EL LADRÓN DE BICICLETAS de Vittorio De Sica, en el viejo cascarrabias que vive en un Volkswagen polvoriento, en la composición fotográfica que contrapone el cielo azul y gélido del anochecer de la estepa de Asia Central con la mancha del insignificante fuego que hacen los hermanitos para no morir de frío. Hay un diálogo entre Gol-Ghotai y un carcelero en las afueras de la cárcel que me pareció totalmente surrealista, lo transcribo de manera aproximada:

—Gol Ghotai: Señor carcelero, imáginese que yo fuera este perrito en vez de ser la hija de una prisionera. Si al perrito lo intentaran quemar vivo y luego no lo dejaran entrar en la cárcel para ver a su madre, ¿usted creería que es justo?

—Carcelero: Niña, no trates de romperme el corazón. Si tú fueras guardia y ganaras un dólar al día a cambio de evitar que una niña entre a ver su madre, ¿creerías que es justo?

07 febrero 2007

HOUSE OF D (2004) - David Duchovny





¿Qué es de la vida de los chicos X-Files? Gillian Anderson se toma un café en THE LAST KING OF SCOTLAND, y de Dave Duchovny vimos su ópera prima el martes 6 de febrero de 2007 a las 9:35 de la noche en la sala 8 del Cines Unidos Trinitarias, con una asistencia de unos seis espectadores, durante un viaje de trabajo a Barquisimeto. No tengo ni idea de si esta película de 2004 se estrenó o se estrenará en cines de Caracas. Lo dudo.
Tom Warshaw (Duchovny) es un dibujante residenciado en París que, el día del cumpleaños de su hijo, hace un largo ejercicio mnemotécnico acerca de su infancia en el Greenwich Village de Nueva York a principios de los años setenta, específicamente en 1973. En el cine pasaban THE TEXAS CHAINSAW MASSACRE y Mel Stottlemyre era el lanzador estelar de los Yankees de Nueva York, poco antes de retirarse por una lesión.
Anton Yelchin, un joven actor de origen ruso nacido en 1989, se la come como el Duchovny adolescente. Es un muchacho realmente precioso, el príncipe de bachillerato con el que toda chica quisiera sentir reventada su virginidad. Al ver esta película uno tiene la sensación de que será un futuro Tom Cruise o Hugh Grant, aunque observé algunas fotos posteriores de Yelchin y parece que el paso a la adultez no fue demasiado benévolo físicamente con él. Su mejor amigo en la trama es un bedel cuarentón y retardado mental, Pappass: Robin Williams ya hizo el papel opuesto, un niño con cuerpo de adulto, en JACK de Francis Ford Coppola.
Lo que más funciona en HOUSE OF D es la reconstrucción puntual (¿autobiográfica?) de un período de los años setenta. Hay una relación madre-hijo bastante realista y poco idealizada a partir del personaje que interpreta Tea Leoni. Una fábula ingeniosa a partir de una interna (Erykah Badu) de un retén femenino que utiliza un espejito para relacionarse con la realidad exterior. Una pequeña apología de la eutanasia. Un Yelchin irresistible para el baile de fin de curso con zapatos blancos, cinturón de flecos de cuero y pantalones de campana naranja, color que estaba muy de moda. El propio Menudo.
Me pregunto porqué los redactores de los subtítulos en español son tan pacatos. En HOUSE OF D hacen un juego de palabras con las palabras "happiness" y "pennis" en la clase de una profesora de francés, y también con "focus", "fuck ass" y un gesto obsceno con los dedos. Todo eso se pierde en la traducción.
También hay una muy buena toma de contrapicado con un Yelchin que llora frente al retén femenino; las lágrimas caen y empañan el lente de la cámara. Una chiquilla flaquita muy sensual, Melissa (Zelda Williams). Y una frase de Erykah Badú que me dio en la madre: "A las chicas les gustan los chicos que bailan".
HOUSE OF D hubiera quedado bastante bien si terminara allí, incluso con los excesos lacrimógenos de algunas escenas que envuelven a Robin Williams. El problema es que Duchovny no supo rematarla, ¿0 será que yo tenía mucho sueño? Muchas veces me pasa eso con las películas que empiezan después de las 9:00 de la noche. Pero en este caso creo que puedo ser objetivo: los 10 minutos finales son una bazofia interminable. Cuando aparece Robin Williams con un maquillaje mal hecho de anciano y el cabello pintado con tiza, significa que se ha producido una degeneración cinematografica. Una lástima. Duchovny debió haberse extirpado a sí mismo de su película y limitarse a dirigir.