28 febrero 2007

THE QUEEN (2006) - Stephen Frears


Duty first, self second. Primero el deber, después uno. En esta consigna, Stephen Frears resume la carta de presentación ante el mundo de la reina Isabel II de Inglaterra. Una mujer autoeducada para la contención de sus sentimientos y condenada para siempre a un matrimonio mediocre. El carisma no se hereda, y por eso para Isabel II resulta incomprensible un fenómeno como el de Lady Diana —el único personaje de la película que se interpreta a sí mismo, gracias al material de archivo, y cuya iconografía gobierna sobre el resto del reparto como un sol caprichoso—, la plebeya elevada a fenómeno de masas por su espontaneidad. En un momento crucial de la película, nuestra reina se quiebra: se accidenta su vehículo rústico, es sólo un átomo solitario y desamparado en la campiña, y llora sin consuelo. Se le aparece un ciervo que está siendo perseguido por su esposo Felipe y sus ojos brillan como la niña que en el fondo es. La mujer que no tuvo infancia ni juventud.
Frears es un cineasta de altos y bajos, de matices más que de proclamas. THE QUEEN es un ejercicio de equilibrista. Por un lado, deja totalmente en evidencia lo absurdo de una familia monárquica (tan disfuncional como la de LITTLE MISS SUNSHINE) en pleno siglo XXI: una reina que ha quedado para poco más que la silueta de un peinado en las monedas y que acepta con resignación lo que se le impone desde las instituciones democráticas —"¿Tengo otra opción?", ironiza al aprobar las modificaciones que ha hecho Tony Blair a su discurso de condolencia por la muerte de Di—; un pelele de príncipe consorte, Felipe, homofóbico, estúpido y encerrado en su burbuja de los cotos de caza; el apego a protocolos de reverencias huecas hacia la anciana-niña que se conmueve profundamente por la muerte de un ciervo, pero que es incapaz de comprender el sismo social que genera la "princesa del pueblo".
Al mismo tiempo, Frears se niega a clavar la estocada cruel. Una de las escenas menos convincentes es aquella en la que Tony Blair (un Michael Sheen tan risueño como Mr. Bean) reacciona violentamente ante las burlas a la reina que hace su influyente asesor de prensa Alistair Campbell (Mark Bazeley, una cínica revelación), para defender su legado: "Ha estado 50 años en un cargo que no eligió ser", etc. La conclusión de la película parece ser que sí, que la monarquía no tiene sentido, pero al mismo tiempo está profundamente conectada a esa esencia británica del "llueve y escampa". No hay supervivencia de Inglaterra sin tradición, discreción y respeto por las formas, y a esto no puede escapar siquiera un reformista moderado como Blair, cuya posterior caída en picada es vaticinada por la reina.
Creo que lo que más disfruté en THE QUEEN fue el retrato del alto mando de la Gran Bretaña en mangas de camisa, sorprendido de madrugada por la muerte de Diana o desnudado en su intimidad familiar: Tony Blair con una camiseta del Newcastle con el dorsal 10, un Felipe que le dice "Muévete, repollo" a Isabel en el inerte tálamo nupcial.

24 febrero 2007

ALGUNAS IMÁGENES ROBADAS DE BABEL





























1. El ojo voyeur de nuestro querido Yussef.
2. La traviesa Zora.
3. ¡Maldito árbitro de voleibol!
4. El Puma de Japón: "Pensaba que íbamos a almorzar juntos"
5. Ahora sí van a ver al monstruo peludo de verdad.
6. Mike, horrorizado, no lo puede creer: la gallinita decapitada.
7. Una sabia anciana silente.
8. En esta secuencia, todo el tiempo pensé que Chieko se iba a caer del columpio.







MÁS SOBRE BABEL

Luego de una segunda visión, BABEL, de Alejandro González Iñárritu, me afecta mucho más que antes. Ya podrán haber visto que el post original ha sido modificado varias veces, porque cada vez descubro más y más significaciones. Pienso, por ejemplo, en los mexicanos asimilados que sirven de cancerberos a sus propios compatriotas indocumentados (los dos principales agentes de inmigración que se muestran son latinos). En el catirito gringo que aprende en México, ante una gallina degollada, que la vida no es tan mullida. Ya no vale la pena hablar sólo de una película sobre la incomunicación; BABEL trata, antes que nada, sobre la comunicación no verbal —piénsese en la sabia anciana que suministra opio, y paz, a Cate Blanchett, justo cuando más lo necesita— y sobre la globalización; la interconexión, sus posibilidades y sus frustraciones. Tampoco vale la pena hablar de hilos argumentales halados de los pelos, no es relevante, porque el telón de fondo son las casualidades y causalidades de la globalización.

21 febrero 2007

EL PRONOSTICADOR

Paréntesis.

En algún momento de este siglo habrá un página en Internet que tendrá la siguiente información, actualizada segundo a segundo:

POBLACIÓN HUMANA:
10.786.431.345.987

DUERMEN EN ESTE MOMENTO:
5.678.325.654.453
(53%)

COMEN:
3.001.568.122.901
(28%)

HACEN EL AMOR:
867.322.954.367
(8%)

NAVEGAN EN REALIDADES VIRTUALES:
1.019.464.987.076
(9%)

ACABAN DE NACER:
167.932.876.023
(2%)

AGONIZAN:
51.816.751.167
(0,5%)

17 febrero 2007

SAG-HAYE VELGARD (PERROS CALLEJEROS) (2004) - Marzieh Meshkini


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Escuchamos Irán y pensamos en las giras de Hugo Chávez, en el eje del mal, en la bomba atómica explotando en Tel Aviv, en Mahmud Ahmadinejad en el aeropuerto Maiquetía, en el libro de Kapuściński y en la barbita del ayatolá Khomeini. Para mí, Irán también es sinónimo de uno de los cines nacionales más poderosos, líricos y prolijos que he presenciado. El romance comenzó con un ciclo de cine iraní en la Cinemateca Nacional en agosto de 1995, con películas que jamás olvidaré: EL CORREDOR (1985) y AGUA, VIENTO Y POLVO (1989) de Amir Naderi, BASHU, EL PEQUEÑO EXTRAJERO (1988) de Bahram Beyzai y GRANADA Y CAÑA (1988) de Saied Ebrahimifar. De este ciclo surgió, por intermedio de Liliana Sáez, una oportunidad para escribir en mi idolatrada revista ENCUADRE, que finalmente no se concretó porque yo no daba la base con la pluma. En verdad os digo: si oyen de una película iraní en Caracas, corran a verla. Este viernes 16 de febrero de 2007, con el Carnaval y la alegría general urbana ante la perspectiva de cuatro días libres en el oxígeno de una bonita tarde en el eje Altamira-Chacao, me acerqué al Celarg a las 5:00 pm a ver PERROS CALLEJEROS. Creo que era el último día que iba a estar en cartelera...

2

Es asombroso cómo se conecta PERROS CALLEJEROS (2004) con aquellas películas iraníes que vi en 1995, a pesar de que éstas se filmaron unos 20 años atrás. Es cierto, quizás eso puede sonarles a anquilosamiento o parálisis de una cinematografía. Pero también a una garantía de calidad estética impecable y a niños que nos aplastarán sus actuaciones y sus dignidades en la cara. Debido a que muchas de las películas de Irán son auspiciadas por el Instituto del Desarrollo Intelectual de la Infancia y la Adolescencia, suelen ser protagonizadas por niños (lo que también puede ser visto como una oportunidad para escapar hábilmente de la censura hacia los temas más adultos). No puedo referirme a PERROS CALLEJEROS sin mencionar a Gol-Ghotai. Una niña de seis o siete años con peinado de baby rasta. Creo que tiene los cachetes más hermosos que he visto jamás en una sala de cine. Así debe haber sido mi amiga Marjo cuando pequeña. Podría pasarme 24 horas seguidas viendo a Gol-Ghotai actuando, oliendo el pan ácimo caliente, gestualizando, parpadeando con sus ojitos mogoles, caminando con su compacto cuerpecito cubierto de harapos, interactuando con su pequeño perrito. Dios, debo volver a ver a Gol-Ghotai en alguno de los 14.000 días que, siendo optimista, me restan más o menos de vida.

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PERROS CALLEJEROS es una historia de denuncia, de denuncia de exclusión y del desamparo absoluto. Zahed (una especie de Val Kilmer en miniatura) y Gol-Ghotai, dos hermanitos de Afganistán, son hijos de un Talibán que está a punto de ser enviado a Guantánamo (en el filme se hacen algunas menciones referenciales al 11 de septiembre de 2001, aunque sin juicios de valor) y de una mujer que está presa y en espera de ejecución por haber contraído nupcias por segunda vez, lo que en este contexto equivale a ser una prostituta. Por este motivo, Zahed y Gol-Ghotai están del timbo al tambo. Vivían con su mamá en el retén femenino, pero salen de allí para ir a conversar acerca de su futuro con su padre en otra cárcel, y ya no pueden volver a entrar (la cárcel, o sea, el encierro, se convierte para los niños en refugio, al que tampoco pueden tener ya más acceso: prisión interior y exterior). Acompañados por un perrito que sirve de conciencia muda (Gol-Ghotai: "¿Tú entiendes a los humanos, perrito?"), sobreviven a medias escarbando en rellenos sanitarios.

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Observo la factura de la fotografía de PERROS CALLEJEROS y no puedo dejar de sentir vergüenza nacional por algunas de las películas que se han estrenado recientemente en Venezuela. PERROS CALLEJEROS posee la textura y la sensibilidad visual de los grandes clásicos del cine de todos los tiempos: pienso en la imagen de la gran argolla que sirve de símbolo de la cárcel; en la celadora del penal femenino que exclama "¡A dormir!", en la prisionera que arranca hojas de un libro para alimentar la hoguera, en el pequeño homenaje a EL LADRÓN DE BICICLETAS de Vittorio De Sica, en el viejo cascarrabias que vive en un Volkswagen polvoriento, en la composición fotográfica que contrapone el cielo azul y gélido del anochecer de la estepa de Asia Central con la mancha del insignificante fuego que hacen los hermanitos para no morir de frío. Hay un diálogo entre Gol-Ghotai y un carcelero en las afueras de la cárcel que me pareció totalmente surrealista, lo transcribo de manera aproximada:

—Gol Ghotai: Señor carcelero, imáginese que yo fuera este perrito en vez de ser la hija de una prisionera. Si al perrito lo intentaran quemar vivo y luego no lo dejaran entrar en la cárcel para ver a su madre, ¿usted creería que es justo?

—Carcelero: Niña, no trates de romperme el corazón. Si tú fueras guardia y ganaras un dólar al día a cambio de evitar que una niña entre a ver su madre, ¿creerías que es justo?

07 febrero 2007

HOUSE OF D (2004) - David Duchovny





¿Qué es de la vida de los chicos X-Files? Gillian Anderson se toma un café en THE LAST KING OF SCOTLAND, y de Dave Duchovny vimos su ópera prima el martes 6 de febrero de 2007 a las 9:35 de la noche en la sala 8 del Cines Unidos Trinitarias, con una asistencia de unos seis espectadores, durante un viaje de trabajo a Barquisimeto. No tengo ni idea de si esta película de 2004 se estrenó o se estrenará en cines de Caracas. Lo dudo.
Tom Warshaw (Duchovny) es un dibujante residenciado en París que, el día del cumpleaños de su hijo, hace un largo ejercicio mnemotécnico acerca de su infancia en el Greenwich Village de Nueva York a principios de los años setenta, específicamente en 1973. En el cine pasaban THE TEXAS CHAINSAW MASSACRE y Mel Stottlemyre era el lanzador estelar de los Yankees de Nueva York, poco antes de retirarse por una lesión.
Anton Yelchin, un joven actor de origen ruso nacido en 1989, se la come como el Duchovny adolescente. Es un muchacho realmente precioso, el príncipe de bachillerato con el que toda chica quisiera sentir reventada su virginidad. Al ver esta película uno tiene la sensación de que será un futuro Tom Cruise o Hugh Grant, aunque observé algunas fotos posteriores de Yelchin y parece que el paso a la adultez no fue demasiado benévolo físicamente con él. Su mejor amigo en la trama es un bedel cuarentón y retardado mental, Pappass: Robin Williams ya hizo el papel opuesto, un niño con cuerpo de adulto, en JACK de Francis Ford Coppola.
Lo que más funciona en HOUSE OF D es la reconstrucción puntual (¿autobiográfica?) de un período de los años setenta. Hay una relación madre-hijo bastante realista y poco idealizada a partir del personaje que interpreta Tea Leoni. Una fábula ingeniosa a partir de una interna (Erykah Badu) de un retén femenino que utiliza un espejito para relacionarse con la realidad exterior. Una pequeña apología de la eutanasia. Un Yelchin irresistible para el baile de fin de curso con zapatos blancos, cinturón de flecos de cuero y pantalones de campana naranja, color que estaba muy de moda. El propio Menudo.
Me pregunto porqué los redactores de los subtítulos en español son tan pacatos. En HOUSE OF D hacen un juego de palabras con las palabras "happiness" y "pennis" en la clase de una profesora de francés, y también con "focus", "fuck ass" y un gesto obsceno con los dedos. Todo eso se pierde en la traducción.
También hay una muy buena toma de contrapicado con un Yelchin que llora frente al retén femenino; las lágrimas caen y empañan el lente de la cámara. Una chiquilla flaquita muy sensual, Melissa (Zelda Williams). Y una frase de Erykah Badú que me dio en la madre: "A las chicas les gustan los chicos que bailan".
HOUSE OF D hubiera quedado bastante bien si terminara allí, incluso con los excesos lacrimógenos de algunas escenas que envuelven a Robin Williams. El problema es que Duchovny no supo rematarla, ¿0 será que yo tenía mucho sueño? Muchas veces me pasa eso con las películas que empiezan después de las 9:00 de la noche. Pero en este caso creo que puedo ser objetivo: los 10 minutos finales son una bazofia interminable. Cuando aparece Robin Williams con un maquillaje mal hecho de anciano y el cabello pintado con tiza, significa que se ha producido una degeneración cinematografica. Una lástima. Duchovny debió haberse extirpado a sí mismo de su película y limitarse a dirigir.

30 enero 2007

BABEL (2006) - Alejandro González Iñárritu


Un atentado terrorista que no es tal y que muy probablemente no ocasionará víctimas mortales. Un suicidio frustrado. Un par de helicópteros salvadores. Una incidente en el desierto de Mojave cuyo desenlace pudo ser mucho más trágico. Abrazos de padres e hijos (¿el refugio en la familia como única posibilidad de salvación?). Una sordomuda japonesa en una discoteca de Tokio, la capital por excelencia de los estímulos, y lo que es peor aún: una sordomuda japonesa sin pantaletas en una discoteca de Tokio (vaya secuencia brillantemente dirigida). Un desaparecido: Santiago. Un único muerto: Ahmed. Un descubrimiento musical: "Cumbia sobre el río" de Celso Pina. Un sobreactuado: Brad Pitt. Tres personajes a quienes sentí entrañablemente cercanos: 1. Yussef, pastorcito marroquí de personalidad gigante, con una puntería envidiable y que expresa su sexualidad en un entorno represivo; 2. Yasujiro, japonés maduro sumamente atractivo y aplomado, con del corte de cabello del "Puma" José Luis Rodríguez; 3. El hijo de Amelia, el muchacho que se casa con música grupera y coros de "Mesa que más aplauda" (tremenda rumba texmex), buen mozo a su manera, con la misma corbatica de medallón que puso de moda Sergio Pérez en Venezuela a finales de los años 80. Catires imbéciles del primer mundo que pretenden encontrar aire acondicionado, Coca Cola Light fría y ambulancias en los desiertos de Marruecos.
Documento sobre la incomunicación y sobre la desesperación sordomuda de la incomunicación. Uno puede ponerse ladilla y empezar a criticar algunos detalles: 1. La manera en que el personaje de Yasujiro es relacionado con las otras dos subtramas es no poco jalada de los pelos. 2. Es un poco absurdo presentarse en un punto de control para ingresar en Estados Unidos manejando ebrio y con dos niños gringos; eso no es como ir a La Victoria. Aunque convengamos en que BABEL es una película sobre las consecuencias insospechadas de lo aparentemente absurdo. 3. El recorrido de la bala que hiere a Cate Blanchett. Son nimiedades, pero igual percibo que BABEL no tiene la misma contundencia de AMORES PERROS. Y cada vez me siento más escéptico acerca de que un abrazo sea el enjuague para los males que afligen al mundo. Hablando en términos de Oscar, me parece que LITTLE MISS SUNSHINE es un poco más "película" que BABEL, por lo menos en un sentido narrativo estricto, y que muchos de los votantes van a concluir que premiar a BABEL sería como un CRASH parte 2 demasiado seguido.

27 enero 2007

CHILDREN OF MEN (2006) - Alfonso Cuaron

La humanidad tiene todavía una esperanza. Y con CHILDREN OF MEN, el cine también. Estamos en noviembre de 2027 y debido a un mal genético desconocido, en la Tierra no nacen niños humanos desde hace 18 años; el último parto registrado ocurrió, ¿dónde más?, en Argentina. En la mayoría de las grandes ciudades del mundo reina el caos, incluida Caracas, donde ya están acostumbrados desde 1989. En Londres se vive una calma frágil: los musulmanes, perseguidos, montan una Intifada; los inmigrantes ilegales son encerrados en jaulas y el grupo terrorista The Fishes se alza en armas para defender sus derechos. Como en 1984 de Michael Radford, la salvación podría estár en los suburbios. Clive Owen, quien debió haber sido el James Bond de CASINO ROYALE en vez de ese macaco albino de Daniel Craig (después llaman monos a los hombres de raza negra), transporta su digno escepticismo por toda la película. El caricaturista mariguanero e izquierdista Jasper Palmer (¡insuperable Michael Caine!) es el amigo en cuya casa todos quisiéramos pasar la noche cuando no hay escape. Tenía tiempo, quizás años, sin ver una película elaborada de una manera tan sensible en lo visual y lo auditivo: cacareo de gallinas, una anciana originaria de Georgia que canta nanas, neblinosas atmósferas de naufragio y gran cantidad de analogías cristianas. Cerca del final de CHILDREN OF MEN, un magistral plano secuencia de más de 6 minutos de duración te aplasta en la cara la sensación de cómo es estar en una calle de una ciudad en guerra civil, cómo debió haber sido el horror, por ejemplo, de los Balcanes. El cine vive.

25 enero 2007

AL BORDE DE LA LÍNEA (2007) - Carlos Villegas Rosales

"In-com-pren-si-ble", como decía Miguelángel Landa en Bienvenidos. Siglo XXI adentro, mientras el país se cae y la orden es tomar a la CANTV por asalto, una tontísima empleada de la Fuller sueña con casarse de velo y corona (una chama así sólo existe hoy en la imaginación del director Carlos Villegas), y luego de 90 minutos en los que sus grandes ojos marrones reflejan sus desengaños y emanan perlas negras que se deslizan por sus mejillas —Yordano dixit—, descubre, al borde del mar Caribe y con sus lindos bates al aire, que el destino no existe y que "no tiene nada que perder". Claudia es interpretada por Daniela Bascopé, que enseña las lolas de manera gratuita en una película venezolana: ¡bienvenida al club, Elba Escobar da una recepción en tu honor!; la entrevistarán en la revista Ronda y declarará: "El desnudo era totalmente justificado y artístico".
De Claudia está enamorado solo Salvador (Roque Valero), un enigmático forense cojo y lírico. Pero Claudia está enamorada sola de Juan Montero (Jerónimo Gil), un cantante de baladas a lo Henry Zakka. Y Juan está enamorado solo de Perla (Dad Dager, nuestra Holly Hunter criolla). Caridad Canelón es la Caridad Canelón de toda la vida, con la salvedad de que dice un par de groserías que no le salen de manera natural. Una visión falseada y pobre del mundo burdelesco y de los hoteles mataderos, con los tópicos de siempre: la poceta no tan sucia, el canal 3 en la TV, la parejita desesperada (un cameo de Lourdes Valera y Luis Alberto Lamata). ¡Oh, descubrimos que la Bascopé se echa agua oxigenada en los brazos y que todavía hay tipos que usan cámaras Polaroid! Líneas estelares de la Bascopé: "Es raro sentir que se mata a alguien, ¿verdad?". Intertítulos cada media hora sobre fondo negro para darle su toque "posmo" a la narración: "La suerte". "El corazón". "El destino".
Algunas cosillas interesantes. Las actuaciones de los veteranos Aníbal Grunn como el perro de presa Salas, Julio Mota como el gandolero y Jesús Monserrat como Nemesio; con ellos tres de protagonistas, AL BORDE DE LA LÍNEA era mil veces más interesante. Ciertas tomas de interés geo-espacial: los planos de ubicación del hotel El Crepúsculo de Venus y una gasolinera que se parece a la que está en la entrada de Lecherías, llegando por la Autopista Regional del Centro. La escena final supongo que es por los lados de Los Caracas-Anare. Pero mi impresión es que AL BORDE DE LA LÍNEA está en estado de coma antes de nacer por su "idea" principal. ¿Quién aprueba estos guiones, por qué tamiz pasan? Mientras tanto, Alejandro González Iñárritu anda por ahí con BABEL. Luis Urbaneja, un pana brillantísimo que escribía en la revista Encuadre, tenía una explicación. En México, los cineastas no reniegan de su pasado clásico. A Carlos Villegas y al resto de nuestros amigos de la generación ELIPSIS deberían encerrarlos y obligarlos a ver LA QUEMA DE JUDAS, JUAN TOPOCHO, LA EMPRESA PERDONA UN MOMENTO DE LOCURA o EL ILUMINADO de Jesús Enrique Guédez.

20 enero 2007

LITTLE MISS SUNSHINE (2006) - Jonathan Dayton y Valerie Faris

El cine alternativo estadounidense y la familia disfuncional estadounidense, round número mil, aunque LITTLE MISS SUNSHINE está inteligentemente confeccionada para todo público y ya se puede hablar de ella como un clásico familiar a lo CINEMA PARADISO. He aquí el clan Hoover. Un abuelo cocainómano y pornófilo que le enseña coreografías de bar de striptease a su nieta de 6 años (Alan Arkin). Dwayne (Paul Dano), un adolescente muy Smashing Pumpkin que ha hecho un voto inquebrantable de silencio y que admira a Nietzche. Richard (Greg Kinnear), un padre de familia que imparte cursos de superación familiar y se sabe al caletre las 9 reglas para convertirse en un ganador en la vida. Sheryl (Toni Collette), una mamá que cumple más o menos los parámetros racional-irracionales de toda mamá. Olive (Abigail Breslin), la chiquilla miope que representará a la desértica localidad de Albuquerque en Little Miss Sunshine, un concurso de belleza para niñas barbies sifrinas de California (vaya criaturitas y vaya ecocidio de laca). Y Frank (Steve Carell), el tío solterón y homosexual, profesor de literatura experto en Marcel Proust, que se recupera de un intento de suicidio y una depresión amorosa.

La frase de la película: un policía motorizado manda a detener a la furgoneta de los Hoover y Richard advierte al grupo familiar: "Todo el mundo trate de ser normal". Ponían en una revista Rolling Stone que todas las familias son como la Ozzie Osbourne. O dicho de otra manera, como los Locos Adams. La mía de primerita. Cuántas veces no he tenido ganas de gritar como Dwayne: los odio a todos, representan el fracaso, el divorcio, el suicidio, la bancarrota, etc, etc (en mi casa está de moda aquello del bankruptcy). Pero es lo que uno tiene. De allí la metáfora de la vieja camioneta Van amarilla: todos deben empujar para que arranque. Para mi gusto, lo mejor de LITTLE MISS SUNSHINE es la reivindicación del personaje de Greg Kinnear, quien de entrada suma todos los puntos del villano insensible, pero termina como el gringo que tiene medio dedo de frente, pero que también es buena gente y tenaz. Sus 9 reglas para la felicidad no son del todo inútiles. También hay aquí una reivindicación de la infancia. El desenlace del concurso de belleza es una imagen cinematográfica subversiva. Me pregunto si LITTLE MISS SUNSHINE hubiera funcionado sin el personaje de Frank, que al principio pensé que tendría más peso. Su cita final a Proust la sentí superficial. La respuesta es que quizás sí, aunque Frank es utilizado por Dayton y Faris como una especie de conciencia observadora y de contrapeso cultural a la América de Bush y Rumsfeld. "Sólo la familia es capaz de defender a la persona del Estado", dice la escritora rusa Liudmila Ulitskaya. Como en el cine de M. Night Shyamalan, hay aquí un doble llamado político: por un lado, a la introspección de los valores de la comunidad y de la familia como redención para Estados Unidos; por el otro, al aprendizaje sobre otras culturas extranjeras, generalmente ignoradas por el gringo promedio.


"El sarcasmo es la herramienta de los perdedores" (Richard). Qué fuerte, me dolió.

15 enero 2007

DIE WEISSE MASSAI (2005) - Hermine Huntgeburth


Las películas pesimistas no son la mayoría. Las películas que invitan a la tertulia luego de salir de la sala tampoco son la mayoría. DER WEISSE MASSAI es una película radical-feminista, eurocentrista y no del todo resuelta, pero al mismo tiempo es francamente pesimista e invita a la tertulia. Carola (Nina Hoss) es una atractiva rubia suiza a la que le podríamos calcular entre 28 y 32 años de edad. Está de vacaciones en Kenia con un noviecito mariguanero y bastante gafo. Carola se enamora a primerísima vista de Lemalian (Jacky Ido), miembro del grupo étnico Masai, que según aprendimos en las revisticas Geomundo, es uno de los pueblos ganaderos más altivos de África. No es muy difícil entender a Carola: Lemalian, con su larga melena trenzada y roja, es uno de los hombres negros más apuestos y de mayor garbo que usted haya visto en una pantalla de cine. Contra viento y marea, Carola deja toda su civililización atrás y emprende de manera irreversible un derrotero que parece sumamente irracional: ha decidido que Lemalian es el hombre de su vida y se va detrás de él a sus tierras de pastoreo. Mientras veía la película pensaba en una canción de Coldplay con un verso que dice: "Nobody said it was easy". Carola sabe que no será fácil. Está consciente de que su aventura tiene grandes probabilidades de fracasar, pero aun así, no arruga. Es optimista, apasionada y valiente. No le teme a los bichos, al calorón ni al hecho de que Lemalian, en términos sexuales, sea una maquinaria perfecta que carece de manual de instrucciones. Por momentos parece que será posible la historia de amor entre el orgulloso Masai y la rubia suiza, pero los abismos culturales se imponen.

Tengo la teoría de que lo que hace imposible la relación entre Lemalian y Carola es la circunstancia de que ella decida seguir siendo una mujer independiente en lo económico. Aunque te metas 50 cassettes de apertura mental, si hay algo que siempre nos descoloca a los hombres de todas las tribus es una mujer económicamente independiente. Lemalian se ha formado dentro de una cultura (machista para nuestros parámetros) en la que el hombre se asume como único proveedor del sustento alimentario para el grupo familiar. Cuando Carola hace dinero por su propia cuenta, y comercia y consume una alimentación diversificada, distinta a la que le provee Lemalian, se germina la semilla de la catástrofe. ¿Hubieran sido felices Carola y Lemalian al radicarse en un contexto rancho-urbano como el de Nairobi, donde él está mucho menos supeditado a las tradiciones de su entorno pastoril? Probablemente no, pues tarde o temprano él se habría convertido en mantenido de ella, algo inaceptable para su orgullo. Una amiga me hizo una acotación bien interesante: Lemalian es un guerrero sin guerra. Los Masai, reducidos hoy a un territorio geográfico muy pequeño, cada vez tienen menos glorias para contar, y esto forma parte del caldo de cultivo del desastre.

DER WEISSE MASSAI fue dirigida por una directora alemana, Hermine Huntgeburth, probablemente lesbiana, según intuyo al ver sus fotos en Google. Su película es etnocentrista, aunque me pregunto qué occidental podría no serlo en África. Huntgeburth asume una postura muy crítica, por ejemplo, ante la tradición de la ablación entre los Masai (la reacción de Carola resulta algo desmesurada e infantil), y siento que en ningún momento se introduce un alegato que introduzca un mínimo de equilibrio e intente explicar desde algún punto de vista (¿higiénico? ¿sexual?) esta tradición cultural tan chocante. También siento que hay una tendencia a que Lemalian aparezca reflejado como el intolerante, y Carola como la víctima. No entiendo muy bien por qué Lemalian aparece con barba de tres días en algunas escenas en las que se constata su decadencia moral, cuando me da la impresión de que es un pueblo lampiño.

12 enero 2007

STRANDVASKAREN (2004), de Mikael Håfström


Bajo el título de LEYENDAS DE FANTASMAS, en estos días se exhibe en la cartelera comercial de Caracas una película sueca de horror del año 2004. Me imagino la conversación entre los ejecutivos de la compañía distribuidora Blancica: "¡Coño, chico! ¿Qué te parece si aprovechamos que estamos en enero y soltamos la vaina sueca esa de terror que tenemos en el galpón, la que nos vendieron en el lote? La gente siempre va a ver esas vainas de fantasmas y de matazón".

STRANDVASKAREN se desarrolla en una especie de internado universitario rural de valores conservadores para sifrinitos suecos, Hellestad, donde no se permite el uso de teléfonos celulares. En el colegio se suicidó hace poco una chica de nombre Rebecka y circulan leyendas sobre un zombie asesino. En el colegio hay una rectora gozona con las lolas caídas (¡cómo se rieron de ella en la sala del Metrocenter!). Hay un profesor de literatura que es una especie de Flavio Caballero sueco. Hay una protagonista nada carismática que es como una Anna Paquin sueca, guardando las distancias. Tiene una amiga tonta, rubia y tetona, algo así como una Ámbar Díaz sueca. Como en todo salón de clases, hay unos chicos malos, que en este caso son tan estúpidos que parecen integrantes del RBD sueco. Vaya peas que se mandan los colegiales suecos. Uno de los alumnos del internado afirma que está haciendo una tesis sobre el honroso tercer lugar de Suecia en el Mundial de fútbol de Estados Unidos 1994 y sobre la actuación del guardameta Thomas Ravelli, y eso me pareció de lo más interesante de la peliculita. Jodienda aparte y paja aparte acerca la importancia de la diversificación cultural en las salas dominadas por el oligopolio imperialista capitalista de Hollywood, STRANDVASKAREN es un filme de muy dudoso valor y raspado en el boletín de la creatividad. Lo único atractivo de esta experiencia cinematográfica puede ser, en todo caso, precisamente la curiosidad de ver las peculiaridades de los suecos, que tampoco son demasiado peculiares en este mundo donde todos usamos blue jean.